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domingo, 7 de mayo de 2017

¡¡Feliz día de la madre mamá!!

El año pasado me quedé con ganas de escribir un post un día tan bonito como hoy. Era mi primer día de la madre y, por supuesto, era muy especial para mí, pero lo que más pensaba ese día es que realmente era mi primer día como hija.

No se me olvidará que mi madre siempre ha dicho que ella se peleaba (en el buen sentido) mucho con mi abuela pero que el día que tuvo a su primera hija se dijo a sí misma “No voy a enfadarme nunca más con mi madre”. Y siempre lo cuenta con lágrimas en los ojos. En ese momento se dio cuenta de cuánto una madre quiere a un hijo y que, desde ese preciso instante, todo lo que hiciera, más o menos acertado, sería por el bien de sus hijos. Como hacía mi abuela con ella. 

Así de pepona era yo de pequeña. 

Y, aunque esto es cierto y es algo que yo nunca he dudado de ella, he de reconocer que una vez que yo he sido madre me he dado cuenta de lo importante que es la mía para mí. Desde el mismo momento de quedarme embarazada mi madre ha sido mi principal apoyo en todos los sentidos. Nadie se ha preocupado más que ella por mí.

Cuando viene un niño en camino, como es lógico, todas las atenciones se centran en la madre pero como medio, como “continente”, porque lo realmente importante es el bebé. Sin embargo, para mi madre, ni yo ni mis hermanas hemos dejado de ser lo más importante para ella, independientemente de todo lo demás. Durante estos más de dos años (entre embarazo y los 18 meses de Éric) mi madre ha demostrado una capacidad de trabajo y sacrificio que, aunque siempre he conocido, me ha hecho admirarla aún más.

Ésta no es nuestra mejor foto, jeje, pero fue el momento en el que le dijimos a mis hermanas que Éric venía de camino. Como mi madre ya lo sabía me preparó gachas, un plato manchego que apenas como y me gusta mucho. Aquí empezaron las atenciones especiales... y hasta hoy.

Es muy difícil de explicar pero es emocionante pensar cuánto te quiere una persona. Es tu madre, es obvio, pero la mía es muy especial. Después de 5 nietos, quiere a Éric como si fuera el primero y la mitad de la semana ella y mi padre se encargan de su cuidado por las mañanas.

Pese a su cansancio y su edad (que no perdona) su única preocupación es hacerme la vida más fácil. Llego a casa y me encuentro todo recogido, la mopa pasada, la ropa planchada, la comida hecha… ¡¡Increíble!! Tiene una energía que ya la quisiera yo.

¿Y le apetece? Pues lo dudo mucho. Pero su respuesta siempre que la regaño es “hija, así no lo tienes que hacer tú que estás cansada”. Y seguro que ella está mil veces más cansada que yo.

Así me encuentro con que gracias a ella mi hijo tiene la ropa perfecta, los purés caseros todos los días y las cenas también están aseguradas. Yo me enfado, le digo que no haga más, que es mi responsabilidad, pero ella responde “si así te puedes sentar un rato, estupendo. ¿Qué hago yo sentada toda la mañana?” Y me río e intento no discutir pero mi madre nunca se sienta. Porque esto que cuento que hace conmigo, lo hace con los otros 4. Cinco nietos que adoran sus croquetas, su sopa y todo lo que ella hace. Porque, si es de la yaya, está bueno. Como dice mi sobrina “esta yaya… es mucha yaya”.


Y como éstas, infinidad de cosas más. Como ir al parque a tirarse por la arena con el niño aunque sus rodillas apenas le dejen levantarse. Como aprovechar e ir a ver al otro nieto, aunque lo que le apetezca es estar sentada, pero así juegan juntos los dos. Como organizar múltiples comidas familiares para estar todos juntos…

Y sé que en estos últimos años soy muy pesada con lo maravillosa que es mi madre, pero no lo puedo evitar. Para cada uno de nosotros, nuestra madre es la mejor. Pero si soy tan pesada es porque es ahora, cuando más la estoy necesitando, cuando he aprendido a valorarla de manera extraordinaria. Y porque ahora que soy madre, y noto en mi propia piel el cansancio que esto supone, es cuando más puedo reconocer su esfuerzo de “trimadre” y "quintiabuela".

Porque me parece un modelo a seguir. Porque yo quiero ser como ella. Una mujer que ha sacado tres hijas adelante, con un marido que trabajaba de sol a sol y sin familia en Madrid. Porque a trabajadora no la gana nadie. Porque ella siempre está en el último lugar. Sus hijas, sus yernos, sus nietos y su marido son lo primero. Luego, ella. Porque nunca la oigo quejarse. Porque no quiere atenciones (aunque sí las quiere, como todos). Porque nunca pide. Porque su corazón en inmenso.


¿Perfecta? Pues no lo será. Pero tiene tantas virtudes que los defectos no los veo.

Porque desde que soy madre, realmente soy consciente de que soy su hija. Y hoy, aunque ni ella ni nadie cercano leerá este post, me apetece dedicarle estas líneas y hacerle mi particular homenaje.  Es la única manera en que sé hacerlo.


¡¡Feliz día de la Madre!!

viernes, 21 de abril de 2017

¿Y cuándo vuelves a trabajar?

Hace tanto que no escribo un post que ya no sé si me acuerdo. Y hace tanto tiempo que no tengo diez minutos seguidos para pensar, para recapacitar y para escribir de "mis cosas", que no sé si me voy a ver superada por la situación. Y, bueno, digo diez minutos siendo positiva, pero igual en tres ya tengo que parar y dejarlo para otro momento. 

Mi vuelta al blog, no sé por cuánto tiempo será ni con qué periodicidad. Se ha convertido en ganas, en una necesidad. Y éstas no entienden de tiempos. 

Hace más de año y medio, al quedarme embarazada, lo dejé porque no sentía la motivación. Estaba tan centrada -y preocupada- por el embarazo, que lo demás era irrelevante para mí. Ahora, sin embargo, lo he dejado por obligación. ¡¡Porque no me da la vida!!


He vuelto a trabajar y esto, compaginado con la maternidad, se está haciendo cansado, muy cansado. Sí, sé que sólo tengo uno y en la mente de muchos será exagerado, pensaréis: "imagínate con dos, con tres". Lo sé, pero esto es lo que tengo ahora mismo y así es como lo vivo. 

Aunque seguiré con los posts de tiendas, restaurantes  y todo lo que me gusta, he decidido empezar con uno de maternidad porque ahora es una faceta muy importante en mi vida, la más importante, y porque últimamente ha habido muchos debates sobre este asunto.

Yo os voy a contar mi "enfado" con el género femenino durante el primer año de vida de mi hijo. ¿Y esto por qué? Pues porque estamos hartos de leer, ver, quejarnos..., de que las bajas maternales en España son irrisorias. Que qué suerte en el resto de países que tienen bajas de un año... como poco. Muchas, muchas quejas sobre lo importante que es estar con nuestros hijos cuando son pequeños, la pena que da dejarles al cuidado de otros, y ya si van a la guarderia, que se ponen todo el día malos, ni os cuento. 


En mi caso, mi embarazo coincidió con que yo me encontraba sin trabajo. No busqué esa situación, pero después de 15 años sin parar de trabajar, creo que tampoco me vino mal. Lo cierto es que fue quedarme sin trabajo y quedarme embarazada, por lo que, como comprenderéis, no me hizo lamentarme mucho de mi situación laboral. Mi marido y yo decidimos que podíamos permitirnos llevar el embarazo con calma, sin necesidad de volver a trabajar inmediatamente. Nació Éric y continuamos pensando que podíamos permitirnos cuidar de él sin agobios por buscar trabajo. 

Así fueron pasando los meses. Lactancia exclusiva hasta los seis meses y medio y luego compaginándola con la introducción de alimentos. 

¿Y por qué os cuento este rollo? Pues porque durante este tiempo no dejé de oír  a muuuchas mujeres preguntarme que cuándo iba a volver a trabajar. Yo, sinceramente, no tenía ninguna prisa. Siempre he considerado que poder estar cuidando de mi hijo es un lujo que nunca creía que iba a poder disfrutar. Y pienso que, en el fondo, eso lo pensamos todas. Entonces ¿por qué esa insistencia en que buscara trabajo?


Yo lo entiendo si ves que la persona está mal, que estar en casa le agobia, si sientes que le está afectando... Pero yo, que no paraba de decir que estaba muy bien, que después de una mala experiencia laboral no echaba de menos volver al trabajo, que me parecía una maravilla poder estar cuidándole personalmente, que es algo que nunca pensé que iba a poder vivir... Además, soy una persona con mucha vida social, con la familia al lado de casa, tenía el blog... Vamos, que no me aburría para nada. No sé, daba la sensación de que no me creían y no me sentía nada apoyada (aún a día de hoy tengo algún amigo que no me cree, en fin...). 

Del mismo modo, sé que no me lo decían con mala intención, que muchas de ellas me quieren mucho y lo hacían por mi bien pero... ¿no se supone que lo ideal es estar con nuestros hijos al menos el primer año de vida? Entonces, si veían que estaba feliz con mi situación ¿Por qué tanto insistir?

Es difícil explicar estas sensaciones por escrito pero los sentimientos durante el año que estuve cuidando de Éric fueron como que era incomprensible que no estuviera buscando trabajo. Que igual se pasaba el tiempo y ya nadie me iba a contratar de nuevo, o que era increíble que yo, una persona con una determinada formación, fuera feliz estando en casa. 

No quiero que se me malinterprete. Puedo entender que haya gente que piense en eso. Pero igual que yo hago el esfuerzo de entender a los demás ¿por qué nadie lo  hacía por entenderme a mí? Necesitaba que me apoyaran y no me juzgaran. Porque era mi elección y yo estaba feliz con ella.

Hace seis meses que volví a trabajar. Y la verdad es que me siento muy afortunada. He encontrado sin buscarlo una empresa que parece que me respeta, que entiende mi trabajo y que me reconoce. Llevo a cabo un trabajo que me encanta y me ilusiona. Creo que he tenido muchísima suerte al dar con ellos (gracias Irene). He disfrutado de un embarazo muy tranquilo, he podido estar con Éric durante su primer año de vida y ahora tengo la posibilidad de desarrollarme profesionalmente y tengo la gran suerte de poder hacer parte de mi jornada laboral desde casa. 



También sé que si tengo otro hijo las circunstancias van a ser completamente diferentes y oiré preguntas como... ¿vas a pedir una excedencia?, ¿cogerás la jornada reducida?, ¿y no te da pena dejarlo tan pequeño?...

Y me volveré a enfadar. Porque me conozco, porque soy así. Porque nosotras somos nuestras mayores críticas. 

viernes, 27 de mayo de 2016

La lactancia materna. Gratificante, duro pero, sobre todo, una decisión personal

El tema de la lactancia materna cada vez es más controvertido. Hay una gran presión social que te hace parecer “mala malísima” si decides no dar el pecho a tu hijo y eso hace que, en muchos casos, si no puedes, el sentimiento de culpa y frustración sea demasiado grande. Y esto tampoco es justo. 



Con este post yo sólo quiero mostrar mi experiencia y contar un poco cómo me fue a mí, porque al principio me resultó durísimo. Pero quisiera que quedara claro que respeto todas y cada una de las decisiones. Cada una es libre de elegir lo que considere más adecuado para ella y para su bebé, y nadie merece ser juzgado por ello. Como ya he dicho en otros posts, es fundamental que la madre esté bien física y psíquicamente, y si dar el pecho supone llegar casi a la depresión, mejor no hacerlo. Digan lo que digan.



En mi caso, tenía claro que quería intentarlo. Siempre he sido de la opinión de que un hijo es un sacrificio y su nacimiento supone un gran cambio en tu vida en el que él se convierte en lo más importante. Por ello, mi idea era -y es- darle siempre lo mejor (o lo que yo considero lo mejor) en la medida de mis posibilidades.

Cientos de estudios, profesionales, corrientes, instituciones, hablan de lo beneficioso que es amamantar a tu bebé, por lo que no me planteé no hacerlo. Sí es cierto que estaba muy concienciada de que si no podía no pasaba nada. No quería agobiarme ni deprimirme si esto no era posible. 

Desde el primer momento el niño se agarró bien pero tuve que ayudarme de pezoneras porque el peque no tenía fuerza suficiente. Pero sin mayor problema. Así salimos de hospital y llegamos a casa. Durante mi ingreso me dijeron que tenía que poner al niño 20 minutos, 30 a lo sumo, en cada pecho. Sin embargo, yo había leído que “a demanda” es a demanda, por lo que era muy importante dejar al niño hasta que el decidiera soltarse, porque el mayor alimento está siempre al final, y después ponerle al otro pecho. 

Así que al llegar a casa esto es lo que hice. Hasta dos horas llegué a estar en algunas tomas. Mi hermana me decía que no podía ser tanto tiempo, que me estaba usando de chupete, pero yo estaba convencida de que el niño comía. Y lo llevé bastante bien. Estaba muy cansada, pero el chute de hormonas que tienes al llegar del hospital, y la ilusión, me hicieron llevarlo bastante bien. 

A la semana llevamos al peque al pediatra y había cogido ¡¡50 gramos!! Imaginaos mi cara. Uf, se me cayó el mundo encima. Tomas eternas, la sensación de que el niño comía y luego ver que había cogido nada más que 50 gramos... No sabía qué hacer. 

La pediatra se inclinó a ayudarle con leche de fórmula, hasta que, por casualidad, le comenté lo que hacía, es decir, tenerle al pecho “sine die”. Y me dijo que ni hablar. Que media hora por pecho… como mucho. Así que las instrucciones durante una semana fueron: dar el pecho ese tiempo, sacarme lo que quedara de leche con sacaleches y luego dársela en biberón. Es semana para mí fue HORRIBLE. 

Se convirtió en, prácticamente, empalmar una toma con otra. No tenía tiempo para nada, ni casi para dormir. Tal era el estado de cansancio que una vez dando un paseo con mi marido, nos sentamos en un banco y en cuanto paramos de hablar, un segundo, me quedé dormida. Lo pasé realmente mal. El agotamiento podía conmigo, con mi estado de ánimo, con mis ganas… con todo. Y a esto se unía que no disfrutaba nada del peque. En cuanto le daba de comer se lo pasaba corriendo a mi marido para que le cambiara o estuviera con él porque yo no tenía fuerzas para nada. Imaginaos el sentimiento de culpa que me invadía. 

Pero el esfuerzo mereció la pena, porque a la semana siguiente el peque cogió casi un kilo, ya dejamos el sacaleches y manteniendo la fórmula 30-30 cada semana iba cogiendo peso a muy buen ritmo. Hasta hoy, que la verdad es que come de maravilla. En broma decimos que esa primera semana el pobre pasó tanta hambre que ahora no deja que se le escape ni un trozo de comida, jeje. 

Contando mi experiencia lo único que quiero transmitir es que esto de la lactancia es duro, es cansado (incluso aunque te vaya todo de maravilla, cansa) pero si tienes interés, poco a poco la cosa mejora. Para mí el peor caballo de batalla fueron las grietas, pero eso lo contaré otro día.

Lo que sí reconozco es que, sin querer, al conseguir que mi hijo se haya alimentado exclusivamente con leche materna durante seis meses, es una satisfacción muy grande. Es difícil de explicar, pero sientes cierto orgullo y cuando va todo bien, cesan los dolores y te acostumbras, se disfruta más.

Porque a lo de dar de mamar cada tres horas, salir sabiendo que tienes que dar el pecho en casi cualquier lugar, ingeniártelas para amamantar intentando que no se te vea nada (o casi)… a eso también hay que acostumbrarse, y cuesta. Yo, por las grietas, me pasé prácticamente tres meses sin poder hacer una vida “relativamente” normal. Me dolía tanto que sólo le podía dar el pecho en casa, así que estaba de los parques de mi zona… Mejor no os digo hasta donde, jeje. Gracias a los amigos que hacían el esfuerzo de venir a verme a menudo. A ellos irá dedicado otro post, porque su papel es muy importante en todo esto.

La primera vez que Éric comió fuera de casa. La cerveza es sin alcohol ¿eh? 

Y para no alargarme aún más, os doy mis consejos, por si os sirven:

- si la cosa no va bien la primera semana, cuéntale con detalle lo que haces a tu pediatra. Si yo, casi al irme y por casualidad, no le hubiera dicho todo el tiempo que le tenía al pecho, igual le habría dado leche de fórmula y se acabó la lactancia.

- Cada niño es un mundo. Aquí yo he contado cómo me fue a mí, pero no se puede generalizar. Hay niños a los que le va mejor estar más tiempo al pecho, otros que desde pequeños maman en diez minutos, madres que no tienen problemas nunca y otras que tienen que abandonar porque los dolores pueden con ellas. Tú lee, escucha, comparte y, a partir de ahí, haz lo que consideres más adecuado para ti y para tu hijo. Que la leche de fórmula hoy día está más que conseguida.

- Acude a los grupos de apoyo de la matrona de tu centro de salud. Una amiga me lo dijo, pero yo me encontraba tan cansada y hasta agobiada, que no me apetecía nada ir. Luego, cuando ya fue todo mejor empecé a acudir y me arrepiento mucho de no haberlo hecho desde el principio. Te ayuda un montón.

- Si realmente quieres dar el pecho y al principio cuesta, date un poco de tiempo. La inexperiencia, la falta de información y el cansancio nos incitan a tirar la toalla. Pero con un poco de paciencia todo se consigue. 

- Si ese intentarlo te empieza a afectar psicológicamente, no te sientas mal por renunciar y darle leche de fórmula. Disfrutar con tu hijo y que él te sienta bien es muy importante. Lo más importante. 

- Nunca digas “yo no haré esto” cuando veas lo que hacen otras madres. Yo siempre dije que si no podía dar el pecho no pasaba nada y, al final, me vi dándolo con unas grietas horribles durante tres meses. También dije que “6 meses y no más, ni hablar” y el niño tiene siete y medio y ahí sigo. Ya muy poco, sólo la mañana y la noche, pero ahí sigo. Si es que… no se puede ser tan tajante con algo que no se conoce. 

Y hasta aquí este larguísimo post. Espero que os sirva y ojalá, las que hayás pasado por ello, me contéis vuestra experiencia.



viernes, 1 de abril de 2016

La salida del hospital, ese temido y deseado momento

Seguimos con la serie de maternidad. Desmitificando este maravilloso mundo de ser madre. Qué contradicción ¿verdad?

Ya hemos hablado del embarazo aquí y del parto y primeros días de hospital aquí y hoy toca tratar las primeras semanas de vuelta a casa. Este temido y a la vez ansiado momento que nunca sale como esperas. 

Como os comenté, tuve mucha suerte y fue todo genial. Me veía tan bien en el hospital que no le tenía mucho miedo a este momento. Sabía que iba a estar muy respaldada por la familia y tenía ganas de empezar ya nuestra nueva vida los tres juntos. Tan bien estaba que al día siguiente de salir vinieron un montón de compañeros de trabajo de mi marido y, muy prudentes ellos estuvieron muy poquito rato y a mí me dio hasta rabia, porque quería que se quedaran más. 



Para mí la primera semana fue bastante llevadera. Tenía molestias por los puntos (me dieron tres, si no recuerdo mal) y estaba algo incómoda, pero a la semana ya apenas los notaba. ¡¡Hasta fui de boda y todo!!

Pero cuando pasó esa primera semana -yo que me las prometía tan felices- todo cambió y empecé a llevarlo peor. El cansancio ya empezó a hacer sus estragos. El peque no es de los más comilones que hay, pero sí pedía cada tres horas y, siendo tan pequeños tardan más en mamar, lo que hace que tus horas de sueño se reduzcan. Dormir en periodos de dos horas como mucho se va acumulando y llega un momento en el que estás agotada. 

En mi caso se añadió que la primera semana el niño apenas cogió 50 gramos (en el siguiente post hablamos de la lactancia, que tiene lo suyo) lo que hizo que durante los siguientes siete días tuviera que darle el pecho, sacarme la leche que quedaba con sacaleches y luego darle un biberón con esa leche. Vamos, que juntaba una toma con otra. Eso para mí fue un punto de inflexión y lo pasé realmente mal. El agotamiento se apoderó de mí y como consecuencia estaba súper triste.

Y con esta situación te das cuenta de que no te da tiempo a nada. A mí me encanta cocinar y durante muchas semanas tuve que subsistir con lo que mi madre y mi suegra nos hacían. No me daba la vida para más. Yo veía que lo único que hacía era dar de comer al niño. Mi marido, durante su baja paternal, no paraba de hacer cosas. Poco descansó el pobre. Él se encargaba de todo en la casa: limpiar, recoger, estar pendiente de que yo estuviera cómoda, cuidar al niño mientras yo dormía… Y eso te genera una sensación de impotencia muy, muy grande. Te sientes tan inútil…


Un error que yo cometía era “intentar” aprovechar cuando el niño estaba dormido para hacer cosas. O la casa, o la comida o cualquier otra actividad que me hiciera sentirme mejor. Y esto es un ERROR. Todo el mundo te dirá que aproveches a dormir cuando el bebé duerme y es EL MEJOR CONSEJO QUE TE PUEDEN DAR y DEBES HACER CASO. Deja todo. Si la casa está sucia, la gente lo entenderá y, si no, no aceptes visitas. Yo evité que vinieran desconocidos ya que no me parecía el mejor momento para enseñar la casa, aunque ante algún compromiso alguna vez tuve que pedir ayuda a mi madre, las cosas como son. Qué haríamos sin las madres ¿verdad? Son las únicas que piensan en ti por encima de ellas mismas.

Pero es que el descanso es fundamental. Ya es difícil hacerlo cuando es a intervalos cortos, como para encima desaprovecharlos. DUERME LO QUE PUEDAS. En cuanto el peque cierre los ojos, tú detrás. En estos primeros meses es lo único que puedes y debes hacer. Hazme caso. Este periodo horribilis ya pasará y podrás dejar tu casa como una patena. 

En mi caso llegó un momento en el que no tenía ganas de nada, de ver a nadie. Estaba descuidada, agotada hasta el extremo y pensar en visitas, sobre todo de desconocidos, me horrorizaba. En ese momento entendí que muchas mujeres sufrieran depresión post parto. Porque, si yo me sentía así y todo había ido tan bien, ¿si hubiera tenido un mal parto o si el niño llorara a cada rato, qué sería de mí? Aprendí a solidarizarme con esas mujeres que no llevan nada bien este cambio tan grande en tu vida. Pero a la vez me sentía mal por quejarme tanto cuando sabía que todo había ido genial, que el niño era bastante bueno y que las cosas pueden ser mucho peores. 

Pero esto era lo que me había tocado vivir a mí, independientemente de lo que le pasara a las demás, y me agobiaba la situación. 

Estaba tan cansada que no disfrutaba del peque. En cuanto le daba de comer se lo quedaba mi marido para que yo pudiera descansar. Yo apenas jugaba ni le cambiaba ni nada porque sólo quería dormir o estar sin hacer nada. Así que otra cosa más por la que sentirme culpable. 

Son unas semanas (un par de meses diría yo) en las que sólo ves cosas negativas. Un suma y sigue que te hace pasarlo bastante mal. Sabes que es lo normal, tus amigas te dicen que a ellas también les pasaba, pero tú no puedes evitar querer ser un poco la de antes. Sin excesos, pero un poco más. 

Porque de esto nadie te avisa. Yo soy periodista y sé de una conocida que trabajaba para una revista de bebés y le dijeron que estaba prohibido de hablar de cosas negativas, y me pregunto ¿por qué? Creo que muchas depresiones post parto se evitarían si todas y todos fuéramos realmente conscientes de lo que ser madre/padre supone. Si nos enfrentáramos a ello desde una visión mucho más realista creo que se solucionarían muchos problemas psicológicos, que son los que más duran y más desprevenidos nos pillan.



Porque ser madre es muy bonito. Los avances del niño, verle crecer y evolucionar no tiene precio, pero el principio es muy, muy duro. 

Y eso que yo ya tengo una edad, es decir, eso de salir hasta las mil ya no es tan importante para mí. Me quedan muchas cosas por hacer en la vida, muchos lugares a los que viajar, pero considero que también he vivido mucho y todo no se puede hacer, llegaba el momento de elegir, de priorizar y en este punto de mi vida tener un hijo estaba en el Top 1.

Y a pesar de este convencimiento CUESTA Y MUCHO. 

Ahora el peque tiene cinco meses y medio y os puedo adelantar que las cosas cambian y a mejor. En muchas ocasiones echo la vista atrás y me pregunto ¿pero por qué lo pasé tan mal? La mente tiene una cualidad maravillosa y es la de olvidar lo malo. Y esto es lo positivo de este post, que, por lo general, todo mejora. 

En mi caso fueron dos meses y medio bastante durillos (tuve problema de grietas, que ya os contaré, lo que hizo que se alargara un poco) pero una vez pasado ese momento todo empieza a mejorar a pasos agigantados. Tanto que, como os digo, hasta cuesta recordar el porqué de tanta queja. 

El cuerpo se acostumbra a dormir menos (solucionar el tema del cansancio es importantísimo para ti, para el niño y para la vida en pareja y en sociedad, jeje), el tema de la lactancia se va solucionando (bien sea leche materna, de fórmula o cualquier otra solución), vas conociendo al peque, sus lloros, sus necesidades y sus rutinas (aunque no te engaño, cada día es diferente)… Con tu pareja vuelves a charlar, a disfrutar juntos de vuestro hijo… Y así cada día es mejor, cada semana es mejor, y van pasando los meses y esta nueva vida, junto con los cambios del niño te hacen estar cada vez más contenta. 

Así que tranquila. Esto nos pasa a todas (o casi). Hazme caso en estos puntos y todo será más llevadero:

- Descansa. Si das el pecho aprovecha cuando el niño duerme, adáptate a su horario. Es duro no dormir todas las horas seguidas, pero más vale a ratos que nada. Y si no lo das, túrnate con tu pareja, esto te dará la vida. 

- No te agobies. Lo estás haciendo bien. Estás en un periodo de adaptación que pasará antes de lo que esperas, ya verás. Eres la mejor madre que tu hijo puede tener. 

- Pide ayuda si la necesitas. La familia estará encantada de echarte una mano. 

- No te sientas obligada a recibir visitas. Lo entenderán. Y si no, es su problema. Tú tienes que estar bien para que tu hijo también lo esté. 

- Si te sientes mala madre léete el libro Soy Mala Madre. Eso de ver que no eres la única que piensa de manera políticamente incorrecta también ayuda. No tienes por qué coincidir en todo, pero al menos te echarás unas risas.

- Y no te preocupes si no es como esperabas. Ya llegará el día en el que lo verás todo de otra manera y ese día lo disfrutarás y valorarás mucho más. 

E insisto DESCANSA, DESCANSA, DESCANSA… Ya eres una superwoman.

viernes, 18 de marzo de 2016

El papel -fundamental- del padre en la “maternidad”

Mañana es el día del Padre y por eso creo que es el mejor día para, en estos viernes “maternales” dedicar un post a la figura del padre primerizo, aunque es extrapolable a todos los padres.

Desde que nos quedamos embarazadas, toda la atención recae sobre nosotras. Es lógico y justo, ya que somos las que sufrimos cambios en nuestro cuerpo, las que lo pasamos mal, las que damos a luz… Luego nace el bebé y tanto el padre como la madre son invisibles para el resto porque el bebé es el centro de atención. 

Sin embargo, el papel del padre es fundamental durante todo el proceso. Son los que menos se quejan, los que menos aparecen, siempre en segundo o tercer plano, pero su apoyo, su ayuda, su presencia y su comprensión es de una importancia vital para el bienestar (mental) de la madre

Tanto si el embarazo es bueno como malo, nos vamos a encontrar un poco mal. Estamos más cansadas, nos entristecemos con más facilidad, nos quejamos más y tenemos muchos miedos a que las cosas no vayan bien (algo que los padres también pero lo exteriorizan menos). Por este motivo, su comprensión es vital. Los cambios de humor son inevitables y sentirte escuchada es de agradecer

Igualmente, tu cuerpo cambia, y mucho. Al principio es todo muy bonito, te encanta tener tripita, que se vaya notando… Pero en el último trimestre aquello crece a marchas forzadas y estás enorme. Hay a quien se le hinchan los pies, a quien se le cae el pelo o, simplemente, tienes una cara de pan de que no puedes con ella. Y tener a tu pareja diciendo que estás guapísima, que qué cara más bonita, que todo te queda bien o que estás hasta sexy (algo que sabes que es mentira pero que le miras a los ojos y te hace hasta creértelo por un segundo) es de una generosidad impagable


Luego llegas a casa y, aunque este punto se merece otro post, sí te adelanto que ¡¡no puedes con la vida!! El cansancio puede contigo. Si optas por lactancia materna sólo vives para dar de comer al vástago y dormir o descansar los ratos que éste te deja. Porque es lo único que hacemos durante el primer mes (o más). Y esto frustra, y mucho. No paras en todo el día pero, sin embargo, sientes que no estás haciendo nada. ¡¡SI ESTÁS ALIMENTANDO A UNA CRIATURA!! Te dirán muy a menudo. Pero hay veces que eso no consuela. 

Y ahí está tu pareja. Dándote ánimos, haciéndose cargo de la casa, asegurándote todas las comodidades, encargándose del niño cuando ya no puedes más. El concepto ayudar no tiene cabida aquí. Él no ayuda, sino que lleva el peso de todo menos del niño y eso, también es mucho. Esos 15 días de baja paternal son una bendición (aunque corta). 

Y aunque es muy importante todo el “trabajo” que hacen, no lo es menos su tolerancia y paciencia. Nosotras lo pasamos mal. El cansancio nos cambia el humor. Tenemos dolores. Nos ponemos un poco depres a veces... Se presentan unos meses complicados, de ajustes y de muchas, pero muchas discusiones. Y, sin duda, la función del padre es importantísima. 

Si tienes una buena pareja a tu lado, te darás cuenta de que su generosidad llega a límites insospechados. Casi tanta como su paciencia. 

Y por muy cansada que estés. Por muy triste. Por muy enfadada que te encuentres… Le ves mirar a tu hijo y sabes que esto ha merecido la pena. Los problemas, si hay amor, se solucionarán. Porque, a pesar de todo, sois muy felices. O lo seréis. Cada día que pasa el cansancio es menor y las discusiones disminuyen pero el amor a tres crece de manera exponencial. 

Esto te lo digo cuando el niño ha cumplido cinco meses. En el primero lo veía todo más negro, pero con la actitud positiva de tu pareja, hasta lo más negro se vuelve gris

FELIZ DÍA PAPÁS

viernes, 26 de febrero de 2016

El parto y los días de hospital. ¿Qué hacer si vas de visita?

Hoy toca hablar de algo que a todas nos da un poco de miedo, el momento del parto y los días en el hospital. Sobre lo primero no puedo decir mucho, ya que, como en el embarazo, a cada una nos pasa una cosa. 

Creo que es fundamental que confíes en tu ginecólogo y en sus decisiones. Yo fui por privado y debido a una medicación que tomaba, mi ginecólogo decidió que, una vez pasadas las 42 semanas, lo mejor era provocar el parto. Parece que mi cuerpo ya estaba más que preparado y así no me arriesgaba a que no pudieran ponerme la epidural (que, para mí, es el mejor invento del mundo, jeje). A pesar de tener todo listo e incluso estando en el paritorio, me entraron muchas dudas. No dejaba de pensar que tenía que haber esperado a que Éric decidiera salir, que por qué provocarlo, que igual no era su momento… El caso es que desde que me hizo efecto la oxitocina, la dilatación fue rapidísima y el parto cuatro empujones. Muy, muy fácil. 

Eso me demostró que mi médico sabía bien lo que decía (hasta la matrona se sorprendió) y considero que haber confiado en él fue una decisión muy acertada. 

                                                                                                 Foto: Sobre Fondo de Tul

Una vez con mi bombón en brazos y pasada la emoción y los trámites del momento, nos subieron a los tres a la habitación. Ya era de noche (no olvidéis que un parto de media son unas 10 horas entre que dilatas y demás. Normalmente muchas de estas horas las pasas en casa y cuando llegas al hospital todo es muy rápido pero si te lo provocan, como a mí, toda la dilatación se pasa en el hospital, lo que puede hacer todo más pesado para la familia, pero no tiene por qué ser más largo que un parto espontáneo).

Mi consejo es que cuando te suban a la habitación sólo haya gente de confianza. Normalmente es la familia, pero eso, lo que cada uno elija. Son momentos muy bonitos pero también de nervios, dudas, de estar perdidísima, y es fundamental que estés relajada en la habitación. Y también el padre, que al pobre no le hace nadie caso pero juega un papel muy importante y está tanto o más nervioso que tú.

A mí, lo primero que me hicieron al dar a luz (que ya se hace en casi todos los hospitales) es ponérmelo piel con piel y así lo tuve durante horas. Una vez en la habitación llegó el momento de ponerle a tomar el pecho y ése sí que es un momento MUY, MUY ÍNTIMO. Por un lado, por el hecho en sí mismo y por otro, porque, al menos en mi caso, NO TIENES NI IDEA. Aquí pueden pasar mil cosas. Que no se agarre bien, que se agarre pero te moleste, que se agarre pero no tenga fuerza suficiente… Te puedes poner muy nerviosa y no tiene que haber espectadores, por muy familia y amigos que sean. Sólo tú, tu pareja (o la persona que hayas decidido que te acompañe), tu niño y la enfermera o matrona correspondiente. 

                                                                                                 Foto: Sobre Fondo de Tul

Todo el mundo tiene mucha ilusión y nervios el día del parto, pero los padres de la chica son, sin duda, los que peor lo pasan. Una vez más, mis padres me demostraron que se merecen un 10 y su apoyo ha sido fundamental. 

En mi caso necesité ponerme pezoneras para empezar porque el bebé no tenía suficiente fuerza. De esta manera le ayudaba. Ahí sí agradecí la presencia de mis hermanas. Una fue con mi padre a comprar las pezoneras a la farmacia a punto de cerrar y, la otra, que también tuvo que usar en su día, me ayudó a ponérmelas y me enseñó cómo hacerlo. Pero mientras la enfermera está con vosotros dándoos las indicaciones necesarias, no tiene que haber nadie en la habitación

Los días posteriores

Durante el embarazo leí muchos artículos de gente que decía que nada de visitas en el hospital. Yo, sinceramente no lo compartía en su momento y, aunque ahora tampoco, sí lo entiendo mucho más. 

Yo creo que lo importante es que la gente llame antes a la madre o a algún familiar para preguntar qué tal ha ido todo. Si veis que la madre está fastidiada NO VAYÁIS AL HOSPITAL. Es primordial que la madre recupere fuerzas y esté bien para atender al recién nacido. Y si alguien “amenaza” con ir, la familia debe disuadirles de la idea. La familia (o la gente cercana) juega un papel fundamental en la época posterior al parto y tienen que ser muy, muy comprensivos y facilitar la adaptación de la nueva familia, porque no es fácil.

                                                                                                 Foto: Sobre Fondo de Tul

Si, como en mi caso, te encuentras bastante bien (hay que tener en cuenta que tenemos un chute de hormonas que nos hacen estar fuertes y bastante animadas. Al menos a mí me pasó) no creo que haya el menor problema para ir a hacer una visita. PERO, sí creo que hay que tener en cuenta algunas cosas:

- preguntar primero, por si acaso. Puedes estar bien pero ser de las que no quieren visitas. Totalmente respetable.

- no estar mucho tiempo. Si la madre se encuentra bien te dirá que te quedes y no te pondrá ningún problema, pero ya somos adultos y debemos ser conscientes de que luego llega el bajón, o que el niño puede ser un santo pero luego dar una mala noche… Y para poder sobrellevarlo la madre tiene que estar descansada. Sólo el hecho de haber ido es de agradecer, así que tranquilos si os vais pronto. 

- si coincide que ese día hay mucha gente: o no ir, o estar, como ya he dicho, poco tiempo. A mí me pasó que al día siguiente se me juntaron 20 personas en la habitación. Yo estaba feliz, no creáis. Me encantaba que fueran a verme, y el niño durmió todo el rato PERO (siempre hay un pero) la noche fue horrible. El niño estuvo súper intranquilo, nervioso, y no pegó (pegamos) ojo en toda la noche. 

Como ves, muchas veces no es pensar sólo en la madre, sino también en el bebé. 

- respetar la hora de la siesta. Es una mala hora para hacer una visita. Una cosa es que te escapes un momento del trabajo o pases por allí, estés un ratito y te vayas, pero es una mala (malísima) hora para estar mucho tiempo. ¿Por qué? Porque es el único rato del día en el que el hospital está tranquilo. Por la noche estáis tu pareja y tú con el niño, que siendo tan pequeño tiene que comer cada pocas horas. Una vez que amanece, las enfermeras no paran de entrar en la habitación: ahora te toman la temperatura, al rato al niño, luego te traen el desayuno, luego viene el gine a verte, más tarde te traen un calmante, después sólo pasan a ver qué tal estás… Un no parar de interrupciones. Y luego por la tarde, lo mismo y, además con visitas. Por eso, el único momento en el que, si el niño te deja, puedes descansar es en la siesta. Y no te recomiendo que estén ni tus padres. Si están ellos, al final terminas charlando con ellos, mirando al niño, reviviendo todo… Y si no son tus padres, es prácticamente imposible que te quedes dormida. ¿Cómo vas a dormir con alguien en la habitación?

Sé que es difícil porque todo el mundo quiere estar con el niño y, claro, ésa es la hora más tranquila para disfrutarlo pero (otro pero) en estos momentos ES FUNDAMENTAL QUE LA MADRE DESCANSE. Como ella (tú) no esté fuerte y descansada (en la medida de lo posible) el niño tampoco estará bien. 

Y grosso modo, esto es lo más importante que se me ocurre. Seguro que se me olvida alguna cosa, pero el post ya está siendo demasiado largo y creo que está lo más importante. 

En el fondo, todo se resume en ¡¡CUIDAR DE LA MADRE!! ¡¡RECIENTE MAMI, CUÍDATE!! La familia y amigos no debemos ser egoístas (esto lo digo ahora, cuando fui tía seguro que hice todo lo contrario) y hay que pensar en ella. Tenemos toda la vida para disfrutar del nieto, sobrino, primo… Él está bien cuidado en el hospital, así que estos días hay que procurar que la madre esté tranquila, relajada, descansada y que aprenda con su pareja en la intimidad, que disfruten de su bebé, que charlen... porque si todo va bien, en dos o tres días estarán solos ante el peligro.

                                                                               Foto: Sobre Fondo de Tul

viernes, 19 de febrero de 2016

El embarazo, esa dulce (y pesada) espera

El embarazo es un estado de cambios que varía mucho de una mujer a otra. Mi experiencia fue realmente buena, ni un vómito, ni un mal cuerpo, pero, sobre todo el primer trimestre, puede ser bastante duro para muchas de nosotras. El cuerpo tiene que gastar mucha energía y hacer un gran esfuerzo para la nueva vida que se está gestando. 

Como digo, mis 9 meses fueron muy, muy buenos, pero eso no quita para que los cambios se notaran y mucho. Al principio tuve tres síntomas que me hacían saber que estaba embarazada: el cansancio, el dolor de pecho y un hambre atroz. 

Durante los tres primeros meses tenía hambre a todas horas. Lo bueno es que debía ir todo para el niño porque apenas cogí un par de kilos. Los otros trimestres tuve menos hambre pero, sin embargo, engordé más, sobre todo el último, que es donde lo cogí todo, jeje.

El pecho lo tenía muy, muy sensible, pero luego fue siendo más llevadero, y el cansancio era lo más incómodo. Te aconsejan descansar todo lo posible durante el embarazo porque luego se echa de menos. Parece una tontería, pero es verdad. Yo os aconsejo hacer caso de esto porque os ayudará a tener un buen parto y a sobrellevar esas primeras semanas tan duras. 

                                                                                                                   Foto: Sobre Fondo de Tul

Algo que os va a pasar a las primerizas es que estaréis deseando que se os note la tripa, que crezca. Yo creo que nos pasa a todas. Yo no tenía muchas ganas porque me daba un poco de miedo engordar. En la vida he hecho dieta, no por no necesitarla, sino por no tener fuerza de voluntad, así que temía empezar a engordar y luego no ser capaz de volver a mi peso. Aun así, no paraba de ponerme de perfil y hacerme fotos cada vez que veía que la camiseta se abultaba. 

No tengáis prisa. Al final aquello crece ¡¡y de qué manera!! Según vas engordando, aunque te ves gorda no te parece tanto. Yo no engordé una exageración y todo el mundo me decía que aparentaba menos de lo que estaba. ¡¡MENTIRA!! Jajajaja. Ahora, cada vez que veo las fotos del embarazo me doy cuenta de que estaba ENORRRRRRMEEEEEE…

Y en cuanto a los kilos, siempre que llevéis una alimentación normal (yo no la llevé especialmente sana, seguía comiendo mucho por ahí, dándome mis caprichos…), al final el cuerpo se recupera sólo. Yo, a los quince días había perdido todo el peso menos dos kilos (engordé unos 12). Cierto es que sigo dando el pecho y dicen que eso ayuda. No es la panacea, es decir, no te quedas escuálida (al menos en mi caso, ya me gustaría) pero sí pierdes rápido esos kilos de más, aunque lo que también pierdes es la forma. Las caderas ya no son lo que eran...

En el titular habréis visto que, además de dulce, he puesto “pesada” espera. Esto es porque a pesar de lo maravilloso que es oír el latido de su corazón, verle en la primera ecografía -y en todas-, empezar a sentir las patadas (que las primerizas tardamos en reconocer), reconocer el hipo del bebé y toda la emoción que ello conlleva, no dejan de ser unos meses de preocupaciones (yo he sido muy, muy miedosa, sobre todo al principio) y de ciertas incomodidades. Como ya he dicho, cada mujer tiene unos síntomas distintos (yo iba al baño cada hora desde el principio, menudo rollo), pero sobre todo al final, los kilos hacen que te sientas muy pesada y que cada vez haya menos posturas cómodas. Estar tumbada en el sofá y levantarte se convierte en toda una aventura. Lo que nadie te va a quitar son las risas que te vas a echar con tu pareja al intentar moverte con cierta rapidez. Como ves, todo tiene su lado positivo ;-) 

                                                                                                               Foto: Sobre Fondo de Tul

Así que para no enrollarme más, te resumo mis “inolvidables” para el embarazo:

- DESCANSA TODO LO POSIBLE. No te sientas culpable por no recoger, por no limpiar, por no poder seguir el ritmo que antes tenías. Es lo que toca y es por una buena causa. Yo lo pasaba un poco mal esos días en los que no podía con la vida, pero viéndolo con perspectiva, sólo son unos meses, ni siquiera todo el embarazo, y, en el fondo, estamos “trabajando” y haciendo algo mucho más importante

- LEE, VE AL TEATRO, AL CINE, HAZ SENDERISMO... Haz sobre todo esas cosas que luego no podrás hacer con el bebé, sobre todo al principio, que tienes que darle de comer cada pocas horas y no te puedes separar más de dos horas de él

- ANDA CADA DÍA UN POQUITO, SÉ CONSTANTE. Nada de andar mucho un día y nada los dos siguientes. Yo hacía eso y tuve un problema en un pie así que ¡¡CUÍDATE!!

- ALIMÉNTATE BIEN PARA NO ENGORDAR EN EXCESO PERO DATE TUS CAPRICHOS. Ya llegará la época en la que habrá que “cortarse” un poco. No comas por dos, no hace falta, pero “saborea” el momento

- SOBRE TODO, DISFRUTA del embarazo, de sentir al bebé, porque eso no vuelve, pero no te sientas mal si en muchas ocasiones ya estás cansada, un poco agobiada y con ganas de dar a luz, es normal. Ésta es una de las cosas por las que yo me sentía Mala (futura) Madre, porque parece que todo tiene que ser fantástico y maravilloso, pero te pasas más de diez kilos de tu peso normal, vas al baño a cada rato y te duele todo… ¿Cómo no vas a querer pasar a la siguiente etapa? ¡¡Quéjate!! Es imposible ser súper feliz durante los 9 meses o, al menos, yo no lo fui, aunque en el fondo sí lo eres, y mucho. Parece contradictorio pero tiene mucho sentido. 

Y otra cosa más te voy a decir. Estás embarazada, pero no inválida, así que sigue pasándotelo bien (con límites, claro), saliendo y riendo con los amigos. Y, déjate mimar, vive el momento pareja, en pocos meses 3 será tu número preferido y los momentos románticos se harán esperar. 

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Y tú ¿cómo lo viviste, cómo lo estás viviendo? Me encantará leer tu experiencia.

En este enlace tienes algunos consejos para el primer trimestre

viernes, 12 de febrero de 2016

Desmitificando la maternidad


Como ya os he comentado por aquí, el motivo de mi ausencia ha sido que hace cuatro meses (menos un día) tuve mi primer hijo. Éric es un niño buscado, muy querido y que nos hace súper felices PERO esto de la maternidad no es nada fácil.

He decidido que los viernes, de vez en cuando, os voy a ir contando mi experiencia: lo bueno, lo malo, lo que me ha ayudado, las cosas que me han resultado útiles y SOBRE TODO Y ANTE TODO, daros una visión REALISTA de lo que es la maternidad. Siempre desde mi humilde punto de vista claro, porque cada uno vive estos cambios de una manera diferente.

¿Por qué? Pues porque la cosa no es tan fácil. Al menos para mí. Está claro que un hijo es algo maravilloso y que (en la mayoría de los casos) se busca con mucha ilusión, pero nunca nos cuentan la parte mala, bueno, más bien dura, de la maternidad. Porque el principio cuesta, y mucho.



Nosotros queríamos la llegada de Éric más que nada en el mundo, pero nos hemos dado cuenta de que es más duro de lo que parece. La falta de sueño, la lactancia, los miedos, la inexperiencia… Todo ello hace que tengas momentos de bajón, de dudas, de discusiones y de sentirte sola, muy sola. Y solo, porque el padre es un gran olvidado pero juega un papel fundamental en todo este proyecto.

Yo me considero una persona bastante fuerte. Tengo carácter y he solventado los problemas que me han venido con una actitud positiva, por eso me sorprendió tanto encontrarme tan mal ante la llegada de mi bombón. Llegué a sentirme hasta una mala madre en ocasiones (de ahí mi empatía con el Club de Malas Madres) y, sobre todo, ante la mirada de algunas personas, cuando simplemente expresaba lo que es realmente estaba siendo esto de la maternidad para mí.

Hoy, cuatro meses después, he de deciros que, aunque el cansancio es mi peor enemigo (y eso que el niño es buenísimo), esto es fantástico, la sonrisa del peque cada vez que me mira lo compensa todo y el cuerpo y la mente tienen una capacidad de adaptación asombrosa.


Así que si has sido mami recientemente ¡¡ánimo!! Todo pasa. Son unos meses complicados pero pasarán, te lo aseguro. Si no lo eres, pero lo quieres ser, para nada quiero que esto te desanime, sino todo lo contrario, lo que me gustaría es que mis posts te sirvieran para que los cambios no te pillen desprevenida y que así todo sea mucho más fácil. Y si ya has pasado por ello y tienes más bagaje y experiencia, me encantará conocer tu opinión y consejos.

A partir de hoy, los viernes, ese día que va a ser de posts variados, será cuando continúe la serie de post maternales. Espero que os guste y, sobre todo, que os ayude.