Mostrando entradas con la etiqueta Xq Sí. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Xq Sí. Mostrar todas las entradas

viernes, 27 de mayo de 2016

La lactancia materna. Gratificante, duro pero, sobre todo, una decisión personal

El tema de la lactancia materna cada vez es más controvertido. Hay una gran presión social que te hace parecer “mala malísima” si decides no dar el pecho a tu hijo y eso hace que, en muchos casos, si no puedes, el sentimiento de culpa y frustración sea demasiado grande. Y esto tampoco es justo. 



Con este post yo sólo quiero mostrar mi experiencia y contar un poco cómo me fue a mí, porque al principio me resultó durísimo. Pero quisiera que quedara claro que respeto todas y cada una de las decisiones. Cada una es libre de elegir lo que considere más adecuado para ella y para su bebé, y nadie merece ser juzgado por ello. Como ya he dicho en otros posts, es fundamental que la madre esté bien física y psíquicamente, y si dar el pecho supone llegar casi a la depresión, mejor no hacerlo. Digan lo que digan.



En mi caso, tenía claro que quería intentarlo. Siempre he sido de la opinión de que un hijo es un sacrificio y su nacimiento supone un gran cambio en tu vida en el que él se convierte en lo más importante. Por ello, mi idea era -y es- darle siempre lo mejor (o lo que yo considero lo mejor) en la medida de mis posibilidades.

Cientos de estudios, profesionales, corrientes, instituciones, hablan de lo beneficioso que es amamantar a tu bebé, por lo que no me planteé no hacerlo. Sí es cierto que estaba muy concienciada de que si no podía no pasaba nada. No quería agobiarme ni deprimirme si esto no era posible. 

Desde el primer momento el niño se agarró bien pero tuve que ayudarme de pezoneras porque el peque no tenía fuerza suficiente. Pero sin mayor problema. Así salimos de hospital y llegamos a casa. Durante mi ingreso me dijeron que tenía que poner al niño 20 minutos, 30 a lo sumo, en cada pecho. Sin embargo, yo había leído que “a demanda” es a demanda, por lo que era muy importante dejar al niño hasta que el decidiera soltarse, porque el mayor alimento está siempre al final, y después ponerle al otro pecho. 

Así que al llegar a casa esto es lo que hice. Hasta dos horas llegué a estar en algunas tomas. Mi hermana me decía que no podía ser tanto tiempo, que me estaba usando de chupete, pero yo estaba convencida de que el niño comía. Y lo llevé bastante bien. Estaba muy cansada, pero el chute de hormonas que tienes al llegar del hospital, y la ilusión, me hicieron llevarlo bastante bien. 

A la semana llevamos al peque al pediatra y había cogido ¡¡50 gramos!! Imaginaos mi cara. Uf, se me cayó el mundo encima. Tomas eternas, la sensación de que el niño comía y luego ver que había cogido nada más que 50 gramos... No sabía qué hacer. 

La pediatra se inclinó a ayudarle con leche de fórmula, hasta que, por casualidad, le comenté lo que hacía, es decir, tenerle al pecho “sine die”. Y me dijo que ni hablar. Que media hora por pecho… como mucho. Así que las instrucciones durante una semana fueron: dar el pecho ese tiempo, sacarme lo que quedara de leche con sacaleches y luego dársela en biberón. Es semana para mí fue HORRIBLE. 

Se convirtió en, prácticamente, empalmar una toma con otra. No tenía tiempo para nada, ni casi para dormir. Tal era el estado de cansancio que una vez dando un paseo con mi marido, nos sentamos en un banco y en cuanto paramos de hablar, un segundo, me quedé dormida. Lo pasé realmente mal. El agotamiento podía conmigo, con mi estado de ánimo, con mis ganas… con todo. Y a esto se unía que no disfrutaba nada del peque. En cuanto le daba de comer se lo pasaba corriendo a mi marido para que le cambiara o estuviera con él porque yo no tenía fuerzas para nada. Imaginaos el sentimiento de culpa que me invadía. 

Pero el esfuerzo mereció la pena, porque a la semana siguiente el peque cogió casi un kilo, ya dejamos el sacaleches y manteniendo la fórmula 30-30 cada semana iba cogiendo peso a muy buen ritmo. Hasta hoy, que la verdad es que come de maravilla. En broma decimos que esa primera semana el pobre pasó tanta hambre que ahora no deja que se le escape ni un trozo de comida, jeje. 

Contando mi experiencia lo único que quiero transmitir es que esto de la lactancia es duro, es cansado (incluso aunque te vaya todo de maravilla, cansa) pero si tienes interés, poco a poco la cosa mejora. Para mí el peor caballo de batalla fueron las grietas, pero eso lo contaré otro día.

Lo que sí reconozco es que, sin querer, al conseguir que mi hijo se haya alimentado exclusivamente con leche materna durante seis meses, es una satisfacción muy grande. Es difícil de explicar, pero sientes cierto orgullo y cuando va todo bien, cesan los dolores y te acostumbras, se disfruta más.

Porque a lo de dar de mamar cada tres horas, salir sabiendo que tienes que dar el pecho en casi cualquier lugar, ingeniártelas para amamantar intentando que no se te vea nada (o casi)… a eso también hay que acostumbrarse, y cuesta. Yo, por las grietas, me pasé prácticamente tres meses sin poder hacer una vida “relativamente” normal. Me dolía tanto que sólo le podía dar el pecho en casa, así que estaba de los parques de mi zona… Mejor no os digo hasta donde, jeje. Gracias a los amigos que hacían el esfuerzo de venir a verme a menudo. A ellos irá dedicado otro post, porque su papel es muy importante en todo esto.

La primera vez que Éric comió fuera de casa. La cerveza es sin alcohol ¿eh? 

Y para no alargarme aún más, os doy mis consejos, por si os sirven:

- si la cosa no va bien la primera semana, cuéntale con detalle lo que haces a tu pediatra. Si yo, casi al irme y por casualidad, no le hubiera dicho todo el tiempo que le tenía al pecho, igual le habría dado leche de fórmula y se acabó la lactancia.

- Cada niño es un mundo. Aquí yo he contado cómo me fue a mí, pero no se puede generalizar. Hay niños a los que le va mejor estar más tiempo al pecho, otros que desde pequeños maman en diez minutos, madres que no tienen problemas nunca y otras que tienen que abandonar porque los dolores pueden con ellas. Tú lee, escucha, comparte y, a partir de ahí, haz lo que consideres más adecuado para ti y para tu hijo. Que la leche de fórmula hoy día está más que conseguida.

- Acude a los grupos de apoyo de la matrona de tu centro de salud. Una amiga me lo dijo, pero yo me encontraba tan cansada y hasta agobiada, que no me apetecía nada ir. Luego, cuando ya fue todo mejor empecé a acudir y me arrepiento mucho de no haberlo hecho desde el principio. Te ayuda un montón.

- Si realmente quieres dar el pecho y al principio cuesta, date un poco de tiempo. La inexperiencia, la falta de información y el cansancio nos incitan a tirar la toalla. Pero con un poco de paciencia todo se consigue. 

- Si ese intentarlo te empieza a afectar psicológicamente, no te sientas mal por renunciar y darle leche de fórmula. Disfrutar con tu hijo y que él te sienta bien es muy importante. Lo más importante. 

- Nunca digas “yo no haré esto” cuando veas lo que hacen otras madres. Yo siempre dije que si no podía dar el pecho no pasaba nada y, al final, me vi dándolo con unas grietas horribles durante tres meses. También dije que “6 meses y no más, ni hablar” y el niño tiene siete y medio y ahí sigo. Ya muy poco, sólo la mañana y la noche, pero ahí sigo. Si es que… no se puede ser tan tajante con algo que no se conoce. 

Y hasta aquí este larguísimo post. Espero que os sirva y ojalá, las que hayás pasado por ello, me contéis vuestra experiencia.



viernes, 1 de abril de 2016

La salida del hospital, ese temido y deseado momento

Seguimos con la serie de maternidad. Desmitificando este maravilloso mundo de ser madre. Qué contradicción ¿verdad?

Ya hemos hablado del embarazo aquí y del parto y primeros días de hospital aquí y hoy toca tratar las primeras semanas de vuelta a casa. Este temido y a la vez ansiado momento que nunca sale como esperas. 

Como os comenté, tuve mucha suerte y fue todo genial. Me veía tan bien en el hospital que no le tenía mucho miedo a este momento. Sabía que iba a estar muy respaldada por la familia y tenía ganas de empezar ya nuestra nueva vida los tres juntos. Tan bien estaba que al día siguiente de salir vinieron un montón de compañeros de trabajo de mi marido y, muy prudentes ellos estuvieron muy poquito rato y a mí me dio hasta rabia, porque quería que se quedaran más. 



Para mí la primera semana fue bastante llevadera. Tenía molestias por los puntos (me dieron tres, si no recuerdo mal) y estaba algo incómoda, pero a la semana ya apenas los notaba. ¡¡Hasta fui de boda y todo!!

Pero cuando pasó esa primera semana -yo que me las prometía tan felices- todo cambió y empecé a llevarlo peor. El cansancio ya empezó a hacer sus estragos. El peque no es de los más comilones que hay, pero sí pedía cada tres horas y, siendo tan pequeños tardan más en mamar, lo que hace que tus horas de sueño se reduzcan. Dormir en periodos de dos horas como mucho se va acumulando y llega un momento en el que estás agotada. 

En mi caso se añadió que la primera semana el niño apenas cogió 50 gramos (en el siguiente post hablamos de la lactancia, que tiene lo suyo) lo que hizo que durante los siguientes siete días tuviera que darle el pecho, sacarme la leche que quedaba con sacaleches y luego darle un biberón con esa leche. Vamos, que juntaba una toma con otra. Eso para mí fue un punto de inflexión y lo pasé realmente mal. El agotamiento se apoderó de mí y como consecuencia estaba súper triste.

Y con esta situación te das cuenta de que no te da tiempo a nada. A mí me encanta cocinar y durante muchas semanas tuve que subsistir con lo que mi madre y mi suegra nos hacían. No me daba la vida para más. Yo veía que lo único que hacía era dar de comer al niño. Mi marido, durante su baja paternal, no paraba de hacer cosas. Poco descansó el pobre. Él se encargaba de todo en la casa: limpiar, recoger, estar pendiente de que yo estuviera cómoda, cuidar al niño mientras yo dormía… Y eso te genera una sensación de impotencia muy, muy grande. Te sientes tan inútil…


Un error que yo cometía era “intentar” aprovechar cuando el niño estaba dormido para hacer cosas. O la casa, o la comida o cualquier otra actividad que me hiciera sentirme mejor. Y esto es un ERROR. Todo el mundo te dirá que aproveches a dormir cuando el bebé duerme y es EL MEJOR CONSEJO QUE TE PUEDEN DAR y DEBES HACER CASO. Deja todo. Si la casa está sucia, la gente lo entenderá y, si no, no aceptes visitas. Yo evité que vinieran desconocidos ya que no me parecía el mejor momento para enseñar la casa, aunque ante algún compromiso alguna vez tuve que pedir ayuda a mi madre, las cosas como son. Qué haríamos sin las madres ¿verdad? Son las únicas que piensan en ti por encima de ellas mismas.

Pero es que el descanso es fundamental. Ya es difícil hacerlo cuando es a intervalos cortos, como para encima desaprovecharlos. DUERME LO QUE PUEDAS. En cuanto el peque cierre los ojos, tú detrás. En estos primeros meses es lo único que puedes y debes hacer. Hazme caso. Este periodo horribilis ya pasará y podrás dejar tu casa como una patena. 

En mi caso llegó un momento en el que no tenía ganas de nada, de ver a nadie. Estaba descuidada, agotada hasta el extremo y pensar en visitas, sobre todo de desconocidos, me horrorizaba. En ese momento entendí que muchas mujeres sufrieran depresión post parto. Porque, si yo me sentía así y todo había ido tan bien, ¿si hubiera tenido un mal parto o si el niño llorara a cada rato, qué sería de mí? Aprendí a solidarizarme con esas mujeres que no llevan nada bien este cambio tan grande en tu vida. Pero a la vez me sentía mal por quejarme tanto cuando sabía que todo había ido genial, que el niño era bastante bueno y que las cosas pueden ser mucho peores. 

Pero esto era lo que me había tocado vivir a mí, independientemente de lo que le pasara a las demás, y me agobiaba la situación. 

Estaba tan cansada que no disfrutaba del peque. En cuanto le daba de comer se lo quedaba mi marido para que yo pudiera descansar. Yo apenas jugaba ni le cambiaba ni nada porque sólo quería dormir o estar sin hacer nada. Así que otra cosa más por la que sentirme culpable. 

Son unas semanas (un par de meses diría yo) en las que sólo ves cosas negativas. Un suma y sigue que te hace pasarlo bastante mal. Sabes que es lo normal, tus amigas te dicen que a ellas también les pasaba, pero tú no puedes evitar querer ser un poco la de antes. Sin excesos, pero un poco más. 

Porque de esto nadie te avisa. Yo soy periodista y sé de una conocida que trabajaba para una revista de bebés y le dijeron que estaba prohibido de hablar de cosas negativas, y me pregunto ¿por qué? Creo que muchas depresiones post parto se evitarían si todas y todos fuéramos realmente conscientes de lo que ser madre/padre supone. Si nos enfrentáramos a ello desde una visión mucho más realista creo que se solucionarían muchos problemas psicológicos, que son los que más duran y más desprevenidos nos pillan.



Porque ser madre es muy bonito. Los avances del niño, verle crecer y evolucionar no tiene precio, pero el principio es muy, muy duro. 

Y eso que yo ya tengo una edad, es decir, eso de salir hasta las mil ya no es tan importante para mí. Me quedan muchas cosas por hacer en la vida, muchos lugares a los que viajar, pero considero que también he vivido mucho y todo no se puede hacer, llegaba el momento de elegir, de priorizar y en este punto de mi vida tener un hijo estaba en el Top 1.

Y a pesar de este convencimiento CUESTA Y MUCHO. 

Ahora el peque tiene cinco meses y medio y os puedo adelantar que las cosas cambian y a mejor. En muchas ocasiones echo la vista atrás y me pregunto ¿pero por qué lo pasé tan mal? La mente tiene una cualidad maravillosa y es la de olvidar lo malo. Y esto es lo positivo de este post, que, por lo general, todo mejora. 

En mi caso fueron dos meses y medio bastante durillos (tuve problema de grietas, que ya os contaré, lo que hizo que se alargara un poco) pero una vez pasado ese momento todo empieza a mejorar a pasos agigantados. Tanto que, como os digo, hasta cuesta recordar el porqué de tanta queja. 

El cuerpo se acostumbra a dormir menos (solucionar el tema del cansancio es importantísimo para ti, para el niño y para la vida en pareja y en sociedad, jeje), el tema de la lactancia se va solucionando (bien sea leche materna, de fórmula o cualquier otra solución), vas conociendo al peque, sus lloros, sus necesidades y sus rutinas (aunque no te engaño, cada día es diferente)… Con tu pareja vuelves a charlar, a disfrutar juntos de vuestro hijo… Y así cada día es mejor, cada semana es mejor, y van pasando los meses y esta nueva vida, junto con los cambios del niño te hacen estar cada vez más contenta. 

Así que tranquila. Esto nos pasa a todas (o casi). Hazme caso en estos puntos y todo será más llevadero:

- Descansa. Si das el pecho aprovecha cuando el niño duerme, adáptate a su horario. Es duro no dormir todas las horas seguidas, pero más vale a ratos que nada. Y si no lo das, túrnate con tu pareja, esto te dará la vida. 

- No te agobies. Lo estás haciendo bien. Estás en un periodo de adaptación que pasará antes de lo que esperas, ya verás. Eres la mejor madre que tu hijo puede tener. 

- Pide ayuda si la necesitas. La familia estará encantada de echarte una mano. 

- No te sientas obligada a recibir visitas. Lo entenderán. Y si no, es su problema. Tú tienes que estar bien para que tu hijo también lo esté. 

- Si te sientes mala madre léete el libro Soy Mala Madre. Eso de ver que no eres la única que piensa de manera políticamente incorrecta también ayuda. No tienes por qué coincidir en todo, pero al menos te echarás unas risas.

- Y no te preocupes si no es como esperabas. Ya llegará el día en el que lo verás todo de otra manera y ese día lo disfrutarás y valorarás mucho más. 

E insisto DESCANSA, DESCANSA, DESCANSA… Ya eres una superwoman.

viernes, 18 de marzo de 2016

El papel -fundamental- del padre en la “maternidad”

Mañana es el día del Padre y por eso creo que es el mejor día para, en estos viernes “maternales” dedicar un post a la figura del padre primerizo, aunque es extrapolable a todos los padres.

Desde que nos quedamos embarazadas, toda la atención recae sobre nosotras. Es lógico y justo, ya que somos las que sufrimos cambios en nuestro cuerpo, las que lo pasamos mal, las que damos a luz… Luego nace el bebé y tanto el padre como la madre son invisibles para el resto porque el bebé es el centro de atención. 

Sin embargo, el papel del padre es fundamental durante todo el proceso. Son los que menos se quejan, los que menos aparecen, siempre en segundo o tercer plano, pero su apoyo, su ayuda, su presencia y su comprensión es de una importancia vital para el bienestar (mental) de la madre

Tanto si el embarazo es bueno como malo, nos vamos a encontrar un poco mal. Estamos más cansadas, nos entristecemos con más facilidad, nos quejamos más y tenemos muchos miedos a que las cosas no vayan bien (algo que los padres también pero lo exteriorizan menos). Por este motivo, su comprensión es vital. Los cambios de humor son inevitables y sentirte escuchada es de agradecer

Igualmente, tu cuerpo cambia, y mucho. Al principio es todo muy bonito, te encanta tener tripita, que se vaya notando… Pero en el último trimestre aquello crece a marchas forzadas y estás enorme. Hay a quien se le hinchan los pies, a quien se le cae el pelo o, simplemente, tienes una cara de pan de que no puedes con ella. Y tener a tu pareja diciendo que estás guapísima, que qué cara más bonita, que todo te queda bien o que estás hasta sexy (algo que sabes que es mentira pero que le miras a los ojos y te hace hasta creértelo por un segundo) es de una generosidad impagable


Luego llegas a casa y, aunque este punto se merece otro post, sí te adelanto que ¡¡no puedes con la vida!! El cansancio puede contigo. Si optas por lactancia materna sólo vives para dar de comer al vástago y dormir o descansar los ratos que éste te deja. Porque es lo único que hacemos durante el primer mes (o más). Y esto frustra, y mucho. No paras en todo el día pero, sin embargo, sientes que no estás haciendo nada. ¡¡SI ESTÁS ALIMENTANDO A UNA CRIATURA!! Te dirán muy a menudo. Pero hay veces que eso no consuela. 

Y ahí está tu pareja. Dándote ánimos, haciéndose cargo de la casa, asegurándote todas las comodidades, encargándose del niño cuando ya no puedes más. El concepto ayudar no tiene cabida aquí. Él no ayuda, sino que lleva el peso de todo menos del niño y eso, también es mucho. Esos 15 días de baja paternal son una bendición (aunque corta). 

Y aunque es muy importante todo el “trabajo” que hacen, no lo es menos su tolerancia y paciencia. Nosotras lo pasamos mal. El cansancio nos cambia el humor. Tenemos dolores. Nos ponemos un poco depres a veces... Se presentan unos meses complicados, de ajustes y de muchas, pero muchas discusiones. Y, sin duda, la función del padre es importantísima. 

Si tienes una buena pareja a tu lado, te darás cuenta de que su generosidad llega a límites insospechados. Casi tanta como su paciencia. 

Y por muy cansada que estés. Por muy triste. Por muy enfadada que te encuentres… Le ves mirar a tu hijo y sabes que esto ha merecido la pena. Los problemas, si hay amor, se solucionarán. Porque, a pesar de todo, sois muy felices. O lo seréis. Cada día que pasa el cansancio es menor y las discusiones disminuyen pero el amor a tres crece de manera exponencial. 

Esto te lo digo cuando el niño ha cumplido cinco meses. En el primero lo veía todo más negro, pero con la actitud positiva de tu pareja, hasta lo más negro se vuelve gris

FELIZ DÍA PAPÁS

viernes, 26 de febrero de 2016

El parto y los días de hospital. ¿Qué hacer si vas de visita?

Hoy toca hablar de algo que a todas nos da un poco de miedo, el momento del parto y los días en el hospital. Sobre lo primero no puedo decir mucho, ya que, como en el embarazo, a cada una nos pasa una cosa. 

Creo que es fundamental que confíes en tu ginecólogo y en sus decisiones. Yo fui por privado y debido a una medicación que tomaba, mi ginecólogo decidió que, una vez pasadas las 42 semanas, lo mejor era provocar el parto. Parece que mi cuerpo ya estaba más que preparado y así no me arriesgaba a que no pudieran ponerme la epidural (que, para mí, es el mejor invento del mundo, jeje). A pesar de tener todo listo e incluso estando en el paritorio, me entraron muchas dudas. No dejaba de pensar que tenía que haber esperado a que Éric decidiera salir, que por qué provocarlo, que igual no era su momento… El caso es que desde que me hizo efecto la oxitocina, la dilatación fue rapidísima y el parto cuatro empujones. Muy, muy fácil. 

Eso me demostró que mi médico sabía bien lo que decía (hasta la matrona se sorprendió) y considero que haber confiado en él fue una decisión muy acertada. 

                                                                                                 Foto: Sobre Fondo de Tul

Una vez con mi bombón en brazos y pasada la emoción y los trámites del momento, nos subieron a los tres a la habitación. Ya era de noche (no olvidéis que un parto de media son unas 10 horas entre que dilatas y demás. Normalmente muchas de estas horas las pasas en casa y cuando llegas al hospital todo es muy rápido pero si te lo provocan, como a mí, toda la dilatación se pasa en el hospital, lo que puede hacer todo más pesado para la familia, pero no tiene por qué ser más largo que un parto espontáneo).

Mi consejo es que cuando te suban a la habitación sólo haya gente de confianza. Normalmente es la familia, pero eso, lo que cada uno elija. Son momentos muy bonitos pero también de nervios, dudas, de estar perdidísima, y es fundamental que estés relajada en la habitación. Y también el padre, que al pobre no le hace nadie caso pero juega un papel muy importante y está tanto o más nervioso que tú.

A mí, lo primero que me hicieron al dar a luz (que ya se hace en casi todos los hospitales) es ponérmelo piel con piel y así lo tuve durante horas. Una vez en la habitación llegó el momento de ponerle a tomar el pecho y ése sí que es un momento MUY, MUY ÍNTIMO. Por un lado, por el hecho en sí mismo y por otro, porque, al menos en mi caso, NO TIENES NI IDEA. Aquí pueden pasar mil cosas. Que no se agarre bien, que se agarre pero te moleste, que se agarre pero no tenga fuerza suficiente… Te puedes poner muy nerviosa y no tiene que haber espectadores, por muy familia y amigos que sean. Sólo tú, tu pareja (o la persona que hayas decidido que te acompañe), tu niño y la enfermera o matrona correspondiente. 

                                                                                                 Foto: Sobre Fondo de Tul

Todo el mundo tiene mucha ilusión y nervios el día del parto, pero los padres de la chica son, sin duda, los que peor lo pasan. Una vez más, mis padres me demostraron que se merecen un 10 y su apoyo ha sido fundamental. 

En mi caso necesité ponerme pezoneras para empezar porque el bebé no tenía suficiente fuerza. De esta manera le ayudaba. Ahí sí agradecí la presencia de mis hermanas. Una fue con mi padre a comprar las pezoneras a la farmacia a punto de cerrar y, la otra, que también tuvo que usar en su día, me ayudó a ponérmelas y me enseñó cómo hacerlo. Pero mientras la enfermera está con vosotros dándoos las indicaciones necesarias, no tiene que haber nadie en la habitación

Los días posteriores

Durante el embarazo leí muchos artículos de gente que decía que nada de visitas en el hospital. Yo, sinceramente no lo compartía en su momento y, aunque ahora tampoco, sí lo entiendo mucho más. 

Yo creo que lo importante es que la gente llame antes a la madre o a algún familiar para preguntar qué tal ha ido todo. Si veis que la madre está fastidiada NO VAYÁIS AL HOSPITAL. Es primordial que la madre recupere fuerzas y esté bien para atender al recién nacido. Y si alguien “amenaza” con ir, la familia debe disuadirles de la idea. La familia (o la gente cercana) juega un papel fundamental en la época posterior al parto y tienen que ser muy, muy comprensivos y facilitar la adaptación de la nueva familia, porque no es fácil.

                                                                                                 Foto: Sobre Fondo de Tul

Si, como en mi caso, te encuentras bastante bien (hay que tener en cuenta que tenemos un chute de hormonas que nos hacen estar fuertes y bastante animadas. Al menos a mí me pasó) no creo que haya el menor problema para ir a hacer una visita. PERO, sí creo que hay que tener en cuenta algunas cosas:

- preguntar primero, por si acaso. Puedes estar bien pero ser de las que no quieren visitas. Totalmente respetable.

- no estar mucho tiempo. Si la madre se encuentra bien te dirá que te quedes y no te pondrá ningún problema, pero ya somos adultos y debemos ser conscientes de que luego llega el bajón, o que el niño puede ser un santo pero luego dar una mala noche… Y para poder sobrellevarlo la madre tiene que estar descansada. Sólo el hecho de haber ido es de agradecer, así que tranquilos si os vais pronto. 

- si coincide que ese día hay mucha gente: o no ir, o estar, como ya he dicho, poco tiempo. A mí me pasó que al día siguiente se me juntaron 20 personas en la habitación. Yo estaba feliz, no creáis. Me encantaba que fueran a verme, y el niño durmió todo el rato PERO (siempre hay un pero) la noche fue horrible. El niño estuvo súper intranquilo, nervioso, y no pegó (pegamos) ojo en toda la noche. 

Como ves, muchas veces no es pensar sólo en la madre, sino también en el bebé. 

- respetar la hora de la siesta. Es una mala hora para hacer una visita. Una cosa es que te escapes un momento del trabajo o pases por allí, estés un ratito y te vayas, pero es una mala (malísima) hora para estar mucho tiempo. ¿Por qué? Porque es el único rato del día en el que el hospital está tranquilo. Por la noche estáis tu pareja y tú con el niño, que siendo tan pequeño tiene que comer cada pocas horas. Una vez que amanece, las enfermeras no paran de entrar en la habitación: ahora te toman la temperatura, al rato al niño, luego te traen el desayuno, luego viene el gine a verte, más tarde te traen un calmante, después sólo pasan a ver qué tal estás… Un no parar de interrupciones. Y luego por la tarde, lo mismo y, además con visitas. Por eso, el único momento en el que, si el niño te deja, puedes descansar es en la siesta. Y no te recomiendo que estén ni tus padres. Si están ellos, al final terminas charlando con ellos, mirando al niño, reviviendo todo… Y si no son tus padres, es prácticamente imposible que te quedes dormida. ¿Cómo vas a dormir con alguien en la habitación?

Sé que es difícil porque todo el mundo quiere estar con el niño y, claro, ésa es la hora más tranquila para disfrutarlo pero (otro pero) en estos momentos ES FUNDAMENTAL QUE LA MADRE DESCANSE. Como ella (tú) no esté fuerte y descansada (en la medida de lo posible) el niño tampoco estará bien. 

Y grosso modo, esto es lo más importante que se me ocurre. Seguro que se me olvida alguna cosa, pero el post ya está siendo demasiado largo y creo que está lo más importante. 

En el fondo, todo se resume en ¡¡CUIDAR DE LA MADRE!! ¡¡RECIENTE MAMI, CUÍDATE!! La familia y amigos no debemos ser egoístas (esto lo digo ahora, cuando fui tía seguro que hice todo lo contrario) y hay que pensar en ella. Tenemos toda la vida para disfrutar del nieto, sobrino, primo… Él está bien cuidado en el hospital, así que estos días hay que procurar que la madre esté tranquila, relajada, descansada y que aprenda con su pareja en la intimidad, que disfruten de su bebé, que charlen... porque si todo va bien, en dos o tres días estarán solos ante el peligro.

                                                                               Foto: Sobre Fondo de Tul

viernes, 12 de febrero de 2016

Desmitificando la maternidad


Como ya os he comentado por aquí, el motivo de mi ausencia ha sido que hace cuatro meses (menos un día) tuve mi primer hijo. Éric es un niño buscado, muy querido y que nos hace súper felices PERO esto de la maternidad no es nada fácil.

He decidido que los viernes, de vez en cuando, os voy a ir contando mi experiencia: lo bueno, lo malo, lo que me ha ayudado, las cosas que me han resultado útiles y SOBRE TODO Y ANTE TODO, daros una visión REALISTA de lo que es la maternidad. Siempre desde mi humilde punto de vista claro, porque cada uno vive estos cambios de una manera diferente.

¿Por qué? Pues porque la cosa no es tan fácil. Al menos para mí. Está claro que un hijo es algo maravilloso y que (en la mayoría de los casos) se busca con mucha ilusión, pero nunca nos cuentan la parte mala, bueno, más bien dura, de la maternidad. Porque el principio cuesta, y mucho.



Nosotros queríamos la llegada de Éric más que nada en el mundo, pero nos hemos dado cuenta de que es más duro de lo que parece. La falta de sueño, la lactancia, los miedos, la inexperiencia… Todo ello hace que tengas momentos de bajón, de dudas, de discusiones y de sentirte sola, muy sola. Y solo, porque el padre es un gran olvidado pero juega un papel fundamental en todo este proyecto.

Yo me considero una persona bastante fuerte. Tengo carácter y he solventado los problemas que me han venido con una actitud positiva, por eso me sorprendió tanto encontrarme tan mal ante la llegada de mi bombón. Llegué a sentirme hasta una mala madre en ocasiones (de ahí mi empatía con el Club de Malas Madres) y, sobre todo, ante la mirada de algunas personas, cuando simplemente expresaba lo que es realmente estaba siendo esto de la maternidad para mí.

Hoy, cuatro meses después, he de deciros que, aunque el cansancio es mi peor enemigo (y eso que el niño es buenísimo), esto es fantástico, la sonrisa del peque cada vez que me mira lo compensa todo y el cuerpo y la mente tienen una capacidad de adaptación asombrosa.


Así que si has sido mami recientemente ¡¡ánimo!! Todo pasa. Son unos meses complicados pero pasarán, te lo aseguro. Si no lo eres, pero lo quieres ser, para nada quiero que esto te desanime, sino todo lo contrario, lo que me gustaría es que mis posts te sirvieran para que los cambios no te pillen desprevenida y que así todo sea mucho más fácil. Y si ya has pasado por ello y tienes más bagaje y experiencia, me encantará conocer tu opinión y consejos.

A partir de hoy, los viernes, ese día que va a ser de posts variados, será cuando continúe la serie de post maternales. Espero que os guste y, sobre todo, que os ayude. 

lunes, 8 de febrero de 2016

Os he echado de menos pero esta vez ¡¡sí vuelvo!!

Bueno, pues parece que la cosa marcha y lo de volver a retomar el blog se está haciendo realidad. Qué ganas tenía… Aunque he pasado por muchas fases, he de reconocerlo.

Como muchos sabréis, y si no lo sabéis os lo cuento, he tenido un bebé. Un bombón precioso (qué va a decir la madre) que me ha hecho toparme de bruces con esto de la maternidad. Y eso que teniendo cuatro sobrinos creía que sabía mucho… PUES NO.

En septiembre os dije que iba a seguir escribiendo durante la recta final del embarazo. En menor medida, pero seguiría, y no cumplí mi palabra. El cansancio, los nervios, las compras (porque el miedo a que algo fuera mal no me dejó comprar mucho antes y el último mes fue fundamental) y la falta de concentración me hicieron “abandonar” el blog. Además, seré sincera y os confesaré que no me apetecía nada. Perdí toda la motivación.

Luego llegó el parto y con él, claro, la maternidad. Ay, madre, bendita maternidad. No sé si conocéis El Club de las Malas Madres. Os lo recomiendo encarecidamente, aunque no seáis madres (yo lo seguía ya de antes). Es una visión totalmente realista de esta nueva situación contada en clave de humor y, sin duda, te consuela saber que no estás sola. Te sientes menos Mala Madre, aunque parezca contradictorio.

Bueno, el caso es que ser madre me superó. Es una experiencia que empiezas a ver preciosa cuando pasan los días, las semanas… ¿meses? Pero que al principio es muy, muy dura. Al menos para mí. Y eso que el embarazo fue fantástico y el parto rapidísimo y fácil, cuatro empujones. Pero las noches sin dormir, la lactancia y otros factores hacen del principio algo duro que nadie te cuenta, o al menos no de una forma sincera y real. Pero bueno, esto se merece otro post, no os aburriré ahora.

Hoy se trata de volver, de saludaros y de deciros que tengo mucho que contar. Como ya dije en septiembre, quiero introducir nuevas temáticas sin dejar de escribir sobre lo de siempre: tiendas, webs, restaurantes, ocio… Aunque también me gustaría poder contar mi visión sobre “esto de ser madre”, porque creo que es algo precioso pero muy mitificado y me gustaría poder daros mi punto de vista y recomendar las cosas que me han ido bien.

Y como ya os dije, también quiero hablaros de bodas. Ya he organizado parcialmente la primera y estoy súper contenta con el resultado y este año estoy a tope con otras dos. Os iré dando pautas para organizar la vuestra, webs inspiradoras, libros útiles, ideas de regalos, vestidos, fotógrafos, maquillaje… Un poco de todo para que no os encontréis perdidos. Y si aun así lo estáis, me escribís y la organizamos juntos.



Intentaré seguir un día fijo para cada cosa, para que acudáis al blog los días que más os interesen los temas, aunque espero que os gusten todos, aunque no os toquen directamente. En principio, será de la siguiente manera:

LUNES: Tiendas, moda, regalos, belleza…
MARTES: Bodas
MIÉRCOLES: Tiendas, moda, regalos, belleza…
JUEVES: Ocio, restaurantes…
VIERNES: Será el día de “un poco de todo”. Temas como Maternidad, Recetas, Xq sí, Viajes…

Y poco más puedo decir. Que gracias por vuestra paciencia, por seguir siendo fans en Facebook y twitter (también me estoy esforzando en Instagram) y por leerme y recomendarme.

Xq Me Lo Merezco vuelve POR FIN. 

martes, 1 de septiembre de 2015

Nuevas ilusiones en Xq Me Lo Merezco

Sin darme cuenta han pasado ya dos meses desde que escribiera el último post. Antes de seguir, sin duda, debo disculparme por haber desaparecido sin haberme despedido durante tanto tiempo. No fue planeado, ni mucho menos, el blog siempre está en mi cabeza, pero de repente me encontré con menos fuerzas para comenzar otro post y así fueron pasando los días hasta que llegaron las vacaciones y ya no hubo vuelta atrás.

Sin duda el motivo se ha debido a mi embarazo, o eso creo yo. Nunca lo he anunciado aquí a bombo y platillo, sólo los más atentos a mis palabras o los más observadores en las fotos, habréis visto que mi tripa iba creciendo poco a poco.

Mis sobrinos mayores, encantados con el nuevo primo.

Ya estoy de 34 semanitas, es decir, más de ocho meses. A primeros de octubre, si todo sigue como hasta ahora, Éric llegará a nuestras vidas para llenarlas de alegría, ilusión y mucho amor. La verdad es que no sé muy bien qué supondrá este cambio en nosotros, pero las ganas por descubrirlo crecen cada día.

¿Y por qué él es el culpable de esta desaparición? Pues tampoco lo tengo muy claro, no creáis. Igual le estoy echando la culpa al pobre cuando realmente la única responsable soy yo. Simplemente, decidí cuidarme mucho y hacer del embarazo algo prioritario.

He de reconocer que lo he llevado muy pero que muy bien. Ni un mareo, ni un vómito, ni un mal cuerpo… Todo estupendo. Así es muy fácil estar embarazada, la verdad. Pero sí es cierto que, por muy bien que vaya todo, tu cuerpo cambia, tus fuerzas menguan y siempre tienes algún achaque. Y yo, que he llevado esta gestación con ciertos miedos, siempre temiendo que algo fuera mal, decidí darle prioridades a los “ay” y cuidarme a tope.

Así, poco a poco, el descansar, el caminar, el pensar en nosotros fue relegando al blog, a la escritura, a la búsqueda de nuevos sitios… Mi cabeza estaba en otra parte.

Mis hermanas, que tienen mucha fe en mí. 

Pero no quiero dejarlo, no quiero dejaros. Para mí es importante seguir con este pequeño diario y llego a septiembre con fuerzas renovadas y muchas ganas. No escribiré tanto como antes, eso sí, porque soy consciente de que la llegada del pequeño, sobre todo al principio, no me va a dejar tanto tiempo, pero lo importante es seguir de una forma constante aunque con menos periodicidad.


Así que Xq Me Lo Merezco vuelve con la misma idea de contaros los lugares que me gustan, los trucos que me hacen la vida más fácil, las recetas que nos sacarán de mil y un apuros y mucho más. Inevitablemente, os hablaré algo más de tiendas infantiles (ahora es lo que toca) y también me gustaría hablaros de bodas y eventos. Me encanta este tema, así que si puedo ayudaros a que sea todo más fácil, pues mucho mejor. Y, por supuesto, estaré encantada de leer vuestras propuestas y buscar aquello que os interese más


Espero que no me hayáis olvidado y que la vuelta al cole sea un reencuentro lleno de abrazos virtuales, sonrisas y nuevas ilusiones por desarrollar. Yo tengo una fe increíble en este nuevo curso que empieza…


miércoles, 31 de diciembre de 2014

Adiós 2014. Hola 2015

Hacer una pausa para deleitarse con los placeres simples de la vida es la única manera de vivir de verdad.


Esta frase la he encontrado en la reflexión que hace una madre sobre su relación con su hija (puedes verla aquí) y es algo con lo que coincido plenamente.

Se acaba el año. Hoy es el último día de un 2014 que no va a volver. Con sus cosas buenas, con sus cosas malas, pero que seguro que en todos ha dejado su granito de arena. Algunos no querrán que vuelva, otros querrán que los que vengan sean como éste, pero para todos ha sido un año que nos ha hecho crecer, madurar, experimentar, equivocarnos y, sobre todo y ante todo, VIVIR.

¿Mi balance? Positivo por supuesto. Con los años he aprendido a ver la vida de esta manera. Destacando lo bueno sobre todo lo demás porque, por muy mal que nos vayan las cosas, siempre vivimos experiencias fantásticas a nuestro alrededor. Aunque sólo sea una en todo el año. ¡¡Aférrate a ella!! Porque merece la pena.

Y mi lectura sobre lo negativo es que de todo se aprende. Si nos pasan cosas “regulares” aprendemos a reaccionar ante estas situaciones, a afrontarlas, a madurar y, muy importante, a sufrir menos la próxima vez. Y eso es fundamental. Relativizar y aprender a sufrir un poquito menos cada vez. Del todo es imposible, forma parte del ser humano, pero es bueno enfrentarlo con el mejor talante posible.

Yo empecé un 2014 con muchas incertidumbres y, a pesar de haber vivido un año muy intenso, hoy lo acabo... ¡¡igual!! Jajajaja… El 2015 se me presenta con las mismas incógnitas, pero miro atrás y sonrío. Porque he tenido 12 meses de los que no me puedo quejar. He disfrutado de mi familia, mi unión con mi madre a través de la cocina es algo que me quedaré para siempre, mis geniales sobrinos son la alegría de mi vida y el más pequeño ya ha vivido su primer año, que siempre es muy importante. He viajado cuando creía que este año “no tocaba” y he podido visitar a mis Muniqueses que los echo mucho de menos. He valorado mucho más a mis amigos, a los de verdad, los que se preocupan por ti y por lo que necesitas. Los que están sin que se les llame porque el cariño es mutuo, no unidireccional, y algo te dice que van a estar siempre. Y yo con ellos. Con los años cada vez son menos pero son mucho más grandes. 

He asumido retos nuevos, he demostrado y me he demostrado (algo vital en muchas ocasiones) mi capacidad para muchas cosas. También he conocido gente fantástica que me ha dado un chute de autoestima que nunca podré agradecerles bastante porque llegó en el momento justo y he sido consciente de que he aprendido a quedarme con esto, con ellos, y no con las cosas menos agradables que siempre aparecen en el camino.

También he aprendido que soy más fuerte de lo que pensaba. Han aparecido situaciones con las que no contaba y que no siempre me han gustado, pero todas y cada una las he afrontado con una gran sonrisa. O no tan grande al principio, pero que no ha podido conmigo, con nosotros. Porque esto ha sido una carrera en la que no he estado sola. Mi marido ha sido un apoyo incondicional. Llevamos media vida juntos y cada día aprendemos más el uno del otro y vivimos cada situación de la mejor manera posible: juntos.

Y, en el fondo, y tras mucho pensar, estoy convencida de que esto es lo más importante en la vida. Tener a gente a tu lado que te aporte bienestar y que haga que cada momento sea único. Una persona que consiga sacarte una sonrisa hasta en la peor de las situaciones. Teniendo esto, mi lectura del año nunca podrá ser negativa porque hasta lo más negro se vuelve gris contigo :-)

¿Propósitos para el 2015? Seguir así y avanzar. Dar un paso más, como siempre. Que cada día sea diferente pero me propongo firmemente vivirlo despacio para disfrutarlo. Pararme a pensar, a mirar y a observar. Que no tenga que llegar el 31 de diciembre para echar la vista atrás y valorar el año, sino valorar cada día, cada instante, cada momento.

Sinceramente, creo que lo hago. Soy muy de “medirme”, criticarme y proponerme cambios cada poco tiempo, pero no está de más hacerlo más veces y dedicarle más tiempo.

Y mi primer propósito (sé que muchos os vais a reír): ser puntual. En el sentido abstracto y en el literal. Suelo ser tan impuntual que voy corriendo a todas partes. Este 2015 aprenderé a organizarme mucho mejor para poder disfrutar del camino, no sólo de la meta. Porque nuestro alrededor está lleno de tesoros, sólo hay que abrir bien los ojos.

Y tras este largo post (que espero que no os haya aburrido demasiado), sólo me queda daros las GRACIAS a todos por estar con Xq Me Lo Merezco durante este 2014. Mi pequeña ilusión que ha ido creciendo durante todo el año. Os espero en 2015 con la esperanza de que podamos ser más. Gracias una y mil veces!!!



viernes, 1 de agosto de 2014

Un tiempo para nosotros…

Hoy es 1 de agosto y la verdad es que ni sé cómo he llegado a este día si hace nada era Navidad. Pero sí, el tiempo vuela, y cuanto más mayores nos hacemos, más deprisa pasa. Las obligaciones, las ocupaciones, las preocupaciones, las alegrías… Un cóctel explosivo que hace que los días, meses y años pasen sin darnos cuenta.

Y ahora llega el momento de parar un poquito, descansar y coger fuerza, mucha fuerza, que luego el invierno es duro. Unos días, que en mi caso no van a ser muchos, para romper la rutina, disfrutar de la soledad muy bien acompañada e intentar notar cómo el tiempo pasa. ¡¡Necesito sentir que las horas me tocan, no que vuelan sin haberlas visto llegar!!

Así que por unas semanitas el blog descansa y con él, las redes sociales. Tanto él como yo tenemos que parar un poco para echar la vista atrás y mirar hacia adelante. Un camino que se nos muestra incierto, desconocido pero ilusionante. Porque si una cosa he aprendido con los años es que todo pasa para mejor (o, al menos, la mayoría de las veces). Los cambios muchas veces son oportunidades, son un empuje y un aire de valentía que, de otra manera, no tendríamos.

Y no todos los cambios son buenos, aunque lo intentemos, pero de todos hay que intentar sacar una visión positiva, una lectura que nos enseñe a afrontar el siguiente reto de la mejor manera posible. Porque la vida es experiencia, no lo olvidéis.

Y si os soy sincera, este año para mí las vacaciones ni siquiera son para eso. Los últimos meses han sido ¿raros? Así que no quiero quebraderos de cabeza, nada de puzles que montar, planes de futuro, ni dudas en las que detenerme. Las vacaciones son para disfrutar, para pensar, para desconectar y para valorar. Sobre todo eso. Valorar lo que somos y lo que tenemos. Que lo que vendrá, ya se presentará en nuestra puerta sin que nadie lo haya llamado.

Así que por unas semanas dejo todas las rutinas para disfrutar de mí, de mi tiempo y de mi marido. Este año no será Indonesia, pero como si lo fuera. Será, incluso mejor, estoy segura. Porque este tiempo para nosotros nos da la vida el resto del año.

Pero os echaré de menos y, por supuesto, esto es una prueba para ver cuánto echáis de menos el blog ¿eh? Y, por favor, no olvidéis daros muchos Xq Me Lo Merezco mientras yo no estoy porque lo que no aprovechemos hoy, mañana igual no vuelve. ¡¡Os estaré vigilando!!

SED FELICES…



viernes, 28 de marzo de 2014

Y que cumplas muchos más… Feliz cumpleaños Mabel

Eres la persona que más me hacía -y me hace- rabiar en el mundo.
Eres quien no me dejaba su ropa porque te la hacía grande ;-)
Eres quien más me regañaba.
Eres quien más me hacía llorar de pequeña.
Eres quien me obligaba a “entender” las matemáticas.
Eres quien menos me consentía.
Eres quien me decía “no, no te vienes con mis amigos”.
Eres el día y yo soy la noche (o al revés).
Eres dura y yo soy blanda.
Eres sensible y yo soy… ¿rancia?
Eres familiar y yo soy… Bueno, mejor no sigo por aquí

Pero lo que eres es: MI HERMANA. LA MEJOR HERMANA DEL MUNDO.
Eres quien me hacía, y me hace, rabiar para que me dé cuenta de que mi opinión no es la única.
Eres quien no me dejaba su ropa porque tenía que aprender a cuidarla y conservarla.
Eres quien me regañaba para que me hiciera fuerte.
Eres quien más me hacía llorar para evitar que llorara de mayor.
Eres quien me obligaba a estudiar para que pudiera tener una vida mejor.
Eres quien menos me consentía para evitar el tópico de la hermana pequeña y conseguir que fuera una persona adulta y responsable.
Eres quien no me dejaba irme con sus amigos para que aprendiera a hacer y conservar los míos propios.

Somos diferentes, como el día y la noche, pero eso no es malo, sino todo lo contrario. Gracias a ello hemos conseguido crear un tándem perfecto. Aunque a veces me enfadara, siempre he sabido cuánto me aportabas y la educación que me dabas. Y ahora, ya adultas las dos, lo valoro mucho más. Porque yo no sería como soy si no hubieras estado conmigoPorque en el fondo nos entendemos, nos complementamos y nos ayudamos. Y porque en mis malos momentos me escuchas, me consuelas y me aconsejas como pocos. Y en los buenos siempre consigues sorprenderme con tus mil detalles y con tu valentía, como el día de mi boda ¿eh? No pretendes cambiarme, nunca lo has intentado. Sólo quieres que sea feliz respetando mi personalidad. Y eso lo valoro ahora más que nunca. 

Y por eso hoy, el día de tu cumpleaños, creo que mi mejor regalo es un GRACIAS por haber formado parte de mi vida y GRACIAS por haberte enfadado tanto conmigo. Y hoy, más que nunca, te digo que vas a ser una madre estupenda, porque Enzo no puede estar en mejores manos. Si tu papel como hermana ha sido tan bueno, como madre va a ser -ya lo está siendo- espectacular.

Desde aquí te digo que, a pesar de mí, no dejes de ser esa hermana mediana que tanto me ha aportado. Sin vosotras, nada sería igual de bueno.
¡¡FELIZ DÍA, HERMANITA!! (esta tarde te tiro de las orejas)