Con el buen tiempo que está
haciendo por Madrid -y por toda España-, me vienen con más intensidad los
recuerdos del viaje a Indonesia. Ya hemos estado en Borneo, Sulawesi y Yogyakarta y ahora volamos para conocer a los
dragones de Komodo.
Primero fuimos hasta Bali donde
hicimos noche y muy tempranito (las cuatro de la mañana para ser exactos) nos
levantamos para coger otro vuelo hacia Lubuanbajo (Isla de Flores). Llegamos a un
aeropuerto que no tenía ni cinta de equipajes. Es tan pequeño que te daban la
maleta en mano. Muy curioso.
Allí nos estaban esperando para
llevarnos a un barco en el que navegaríamos entre islas que parecían sacadas de una
película y con un mar que no habíamos visto nunca. Qué colores más
maravillosos. Aluciné.
Este barco no era tan lujoso como el Kalimantan Explorer de
Borneo, era algo inferior, pero lo teníamos para nosotros solos y la
tripulación, y yo no sé cómo se pueden apañar, pero la comida era espectacular.
Ahí se te cae el mito de que los hombres, y jóvenes, no saben cocinar. Vaya que
si sabían. Estaba todo buenísimo.
Aquí estuvimos dos días. El
primero, mientras navegábamos, paramos en una isla para conocer a los gitanos del
mar (prescindible) y por primera vez para
nosotros, hicimos snorkelling en unas de las mejores aguas del mundo para bucear. Había corales enormes, peces de todos los colores, formas y tamaños,
arena blanca y tantas tonalidades de mar azul que me resulta casi imposible
describirlo.
Así pasamos el día hasta que por
la noche vimos anochecer en el barco al lado de Flying Fox Island. Lo curioso
de este lugar es que, cuando anochece, miles de zorros voladores (murciélagos) salen
a la vez de ese bosque para ir hacia la isla de Flores y alimentarse de los
frutos de sus árboles. Si tienes la suerte de que pasan todos por encima de tu
barco es impresionante. En nuestro caso no fueron todos, sólo unos cuantos,
pero nos hicimos bien a la idea.
Al día siguiente nuestro guía nos
recomendó madrugar mucho (cinco de la mañana o así) para ver amanecer desde el barco. No te
dejes llevar por la pereza, merece la pena. Subimos arriba y, los dos solos
vimos cómo salía el sol. Fue un momento muy bonito y, por qué no, muy
romántico. Otra experiencia más vivida en Indonesia.
Tras nuestro gran desayuno fuimos
ya a ver a los dragones de Komodo. Tuvimos mucha suerte porque vimos ocho,
¡lucky, lucky!, nos decía el guía continuamente, jeje. Sinceramente creo que es
muy difícil no ver ninguno, porque donde están las casas de los ranger (guías
del parque natural de Komodo) siempre hay alguno al olor de la comida. Pero
luego, mientras haces el trekking, ya depende mucho de la suerte. Te aconsejo
que vayas pronto, como nosotros, que a las siete de la mañana ya estábamos
allí, para tener más posibilidades. Luego hace mucho calor y suelen evitar el
sol y esconderse, lo que dificulta poder verles.
Para no alargar el post, sólo
diré que son impresionantes, que dan miedo y que te miran de una forma que…
uffffff… Lo mejor es que veáis las fotos. Estos animales son una pasada.
Después de fliparlo “muy mucho”
con los dragones, nos fuimos de nuevo al barco para volver a hacer snorkelling
y llegar al paraíso en Asia: Pulau Bidadari (Angel Island en inglés). Pero eso ya, será otro post. No os lo perdáis porque
el siguiente destino es espectacular.
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